Una noche en la ópera es, sin lugar a dudas, la mejor y más redonda película de los Hermanos Marx. Punto. ¿Hay que añadir más? ¿Si? Vaya...
Ya desde la escena inicial nos hacemos una idea de por donde va a ir la película: diálogos chispeantes, grandes secundarios, una buena banda sonora y, por supuesto, un Groucho desatado, como siempre. Impagable ver como la mujer sentada en la mesa detrás de Margaret Dupont apenas puede contener la risa durante el rodaje de la escena.
La secuencia más famosa, la del camarote, es digna de entrar en cualquier manual de cómo hacer buen cine, pero no por ser la más conocida es necesariamente la mejor, ya que practicamente cualquier momento de la película es delirante, encadenando frases a cuál más divertida. Más de una vez he tenido que rebobinar al haberme perdido una broma cuando aún me reía por la anterior.
Algunos achacan a las películas de los Marx que los números musicales bajan un poco el ritmo de la película, y en algunos casos es cierto, pero no en esta joya, todas las canciones tienen su feeling, la parte instrumental en el barco es muy divertida y los 15 minutos finales con las canciones de It Trovatore de Verdi son simplemente majestuosas (eso sin contar a Harpo y a Chico disfrazados de gitanos).
El hecho de que Una noche en la ópera haga reir, y mucho; pasados más de 75 años después de su estreno, y que siga resultando fresca para cualquier edad, debería ser más que suficiente para cualquiera. Si algún lector no esboza, como mínimo, una sonrisa durante la escena de las camas en el hotel de Nueva York, es que no fluye sangre por sus venas.
Ya desde la escena inicial nos hacemos una idea de por donde va a ir la película: diálogos chispeantes, grandes secundarios, una buena banda sonora y, por supuesto, un Groucho desatado, como siempre. Impagable ver como la mujer sentada en la mesa detrás de Margaret Dupont apenas puede contener la risa durante el rodaje de la escena.
La secuencia más famosa, la del camarote, es digna de entrar en cualquier manual de cómo hacer buen cine, pero no por ser la más conocida es necesariamente la mejor, ya que practicamente cualquier momento de la película es delirante, encadenando frases a cuál más divertida. Más de una vez he tenido que rebobinar al haberme perdido una broma cuando aún me reía por la anterior.
Algunos achacan a las películas de los Marx que los números musicales bajan un poco el ritmo de la película, y en algunos casos es cierto, pero no en esta joya, todas las canciones tienen su feeling, la parte instrumental en el barco es muy divertida y los 15 minutos finales con las canciones de It Trovatore de Verdi son simplemente majestuosas (eso sin contar a Harpo y a Chico disfrazados de gitanos).
El hecho de que Una noche en la ópera haga reir, y mucho; pasados más de 75 años después de su estreno, y que siga resultando fresca para cualquier edad, debería ser más que suficiente para cualquiera. Si algún lector no esboza, como mínimo, una sonrisa durante la escena de las camas en el hotel de Nueva York, es que no fluye sangre por sus venas.
10/10
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